
No podés salvar al mundo si no aprendes primero a mantener tu casa y tu vida limpia. No hablo en términos absolutos. Es sólo que esa vieja regla parece ser verdad: la paz comienza en el hogar, etcétera. Así que si te importa el medio ambiente, generá menos basura en tu casa. No sé si es verdad, pero creo que mi mamá, por ejemplo, hizo una inmensa contribución a la paz mundial al crear un enorme y bello jardín que mantuvo por casi cuarenta años en su propio patio. Era un paraíso en miniatura para aves, mariposas y las flores más sorprendentes. Un acto así, que por mera consistencia se convierte en una declaración a favor de la vida me conmueve infinitamente. Si todos tuviésemos una inclinación tan natural por la belleza... ¿qué sería del mundo?
Pues bien, he aquí un blog casi conmovedor por su pureza:
Café con 20. Una joven salvadoreña en Carolina del Norte, Marce Alvarado, escribe desde su condión de inmigrante, o algo así, descubriendo lo que nos hace diferentes o singulares o similares a otros. Pero lo interesante es lo que demuestra su último post, que lista algunas
recomendaciones para detener el calentamiento global. ¿Puede un individuo, de verdad, contribuir a detener la destrucción de la capa atmosférica del ozono que nos protege de la radiación solar? Al leerlo en el contexto de su blog, vemos cómo una persona aprende a tomar conciencia de su lugar en el mundo. Ningún individuo es despreciable, cada persona puede hacer lo suyo para crear un futuro mejor. No hay que pecar de ingenuo, pero tampoco es necesario el cinismo. Hay que creer que lo malo se puede revertir, que lo roto se puede arreglar y que lo mediocre se puede mejorar. Si no, ¿para qué?