
Esta imagen, realizada por el arquitecto y urbanista
Ricardo Arriaza Vega nos da una visión ideal de la Plaza Morazán, con el Teatro Nacional al fondo. El concepto que Arriaza Vega compartió conmigo durante una entrevista que le hice la semana pasada era tan realista como asombroso: la conservación del Teatro Nacional sería posible si se cercara en un solo espacio no sólo el edificio del teatro sino también la Plaza Morazán, es decir, si toda el área es integrada para crear una sola plaza, y tener de esa manera "el teatro en la plaza y la plaza en el teatro". Los teatros y museos de muchas ciudades del mundo son también plazas, y están cercadas para su protección. Cercar sólo el Teatro Nacional sería absurdo, pero cercar el área que rodea al teatro para crear una gran plaza en cuyo interior estarían la Plaza Morazán y el Teatro Nacional, esto sí tiene sentido. Hay un parqueo, la plaza es hermosa y un teatro funcional, bello y seguro atraería turistas. El Teatro Nacional de Costa Rica es minúsculo comparado al nuestro y es una meca de las artes escénicas en ese país para los turistas.
Hay cientos de ideas creativas como la de Arriaza Vega, pero la institución que debería creer en ellas y potenciarlas no lo hace. Concultura no cree en los bienes culturales que se concentran en el Centro Histórico. Patrimonio Cultural se ha convertido en un agente promocional que cree que su misión es el protagonismo en los medios a través de actividades que no logran absolutamente nada. En cambio no mueve un dedo para hacer las cosas que sí atraerían financiamiento y desarrollo a la zona y, por ende, que llevarían a la restauración y protección de los bienes culurales de la ciudad. Esto lo descubrí yo por mi cuenta mientras realizaba mi propia investigación sobre el Centro Histórico. Pero no soy el único que ha llegado a estas mismas conclusiones.
El domingo 19 de noviembre, el mismo día que se publicó mi reportaje sobre el Centro Histórico en
El Diario de Hoy, la Revista Dominical de
La Prensa Gráfica publicó otro reportaje sobre el mismo tema. Esto es lo que el director de Patrimonio Cultural, Héctor Ismael Sermeño, dice sobre el Centro Histórico: "La clase media tiene unos valores específicos, sociales, psicológicos, éticos y morales. Considera que el centro no es para su estatus". Si el mismo director de Patrimonio Cultural valora el Centro Histórico con una perspectiva clasista, y por lo tanto subjetiva y sujeta a sus propios prejuicios, y no desde una perspectiva urbanista, y por lo tanto científica y sujeta a una visión de desarrollo, ¿cómo podemos esperar que Concultura sea parte de la solución en lugar de convertirse en parte de los problemas que están destruyendo el Centro Histórico?
Créanlo o no, esta posición pretensiosa y negligente ha sido la política real de Concultura en relación al Centro Histórico por muchos años. En un artículo publicado en
Diario El Mundo el 13 de septiembre de 2003 se plantea la necesidad de una ley que declare "patrimonio cultural" al Centro Histórico en sí como una herramienta legal para encauzar inversión estatal hacia el anillo central de la capital, que tiene todos los monumentos históricos (el Palacio y el Teatro Nacional, las principales plazas etc.). El razonamiento detrás de esto es el siguiente: "Mientras no exista una declaratoria legal que reconozca al Centro Histórico de San Salvador, la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural va a seguir siendo una verdad a medias".
¿Cuál fue la respuesta de Concultura a este planteamiento que en ese momento se debatía en la Asamblea Legislativa? Esta fue la respuesta oficial, según Glenda Girón, la periodista de
Diario El Mundo: "El director de Comunicaciones de Concultura, Carlos Peña, afirmó que esta entidad no ha presentado la propuesta ante la Asamblea Legislativa porque
el Centro Histórico de San Salvador no reúne las cualidades necesarias para ser Patrimonio Cultural. Esta opinión contrasta con las brindadas por arquitectos salvadoreños consultados por
Diario El Mundo que afirman que el Centro Histórico es una joya que a los capitalinos se les está yendo de las manos".
Pero tal y como lo plantea Elena Salamanca en el más reciente reportaje publicado en
La Prensa Gráfica más de 900 edificaciones se encuentran en el inventario de Bienes Culturales de Concultura. En otra parte del reportaje de Salamanca,
"Lo que no se cae se quema", se plantea el riesgo potencial de incendios que amenaza a estos edificios. ¿Qué dice Sermeño sobre esto? "Lo que pasa en el centro es el problema de los materiales con los que están hechos los edificios. El bajareque, la madera, la lámina no son materiales resistentes a largo plazo". ¿Significa esto que Sermeño está de acuerdo de que existe un riesgo latente y de que, por lo tanto, merecen intervención urgente? No. Según Salamanca Concultura descarta que los incendios sean la "causa principal de pérdida de patrimonio edificado en el Centro Histórico". En la misma página donde aparece este artículo se publican fotografías de dos edificaciones de valor patrimonial destruidas por incendios en el último año y se cita al director del Cuerpo de Bomberos, Ábner Hurtado, explicando que las construcciones de madera y lámina (léase: bienes culturales) las consideran "de alto riesgo de incendio por el tipo de material combustible".
Un incentivo diseñado para la restitución de estos bienes sería una inversión a largo plazo que contribuiría a la renovación y al desarrollo económico de la ciudad. Especialistas del sector privado y académico que yo entrevisté y son citados en mi artículo concuerdan en esto. La dirección de Patrimonio Cultural de Concultura, por sus vínculos directos con el Estado y con el Ministerio de Turismo sería la institución ideal para gestionar incentivos fiscales o de otra índole para mitigar la destrucción de los bienes culturales de San Salvador o para promover la rehabilitación de los principales edificios y monumentos. ¿Por qué no lo hace? Porque no cree en lo que predica: no cree que existan bienes culturales en el Centro Histórico aunque su propio inventario así lo indica, y porque no tiene una visión urbanística vinculada al desarrollo económico, cultural y turístico de la ciudad. ¿Para qué tenemos a Concultura entonces?