domingo, julio 08, 2007

En blanco y negro

El Salvador no es el único país de la región en el que ocurren conflictos en las calles. Dos grandes protestas tuvieron lugar en Centroamérica durante los últimos diez días. El 30 de junio tuvo lugar una marcha en Guatemala y el 5 de julio se llevó a cabo otra en Costa Rica. En ambos casos los medios de prensa estuvieron presentes y documentaron los hechos de muchas maneras. La protesta se tornó violenta en Guatemala pero en Costa Rica todo concluyó, típicamente, sin mayores incidentes.

Los objetivos eran muy diferentes. En Guatemala se protestó contra la impunidad judicial, participaron los familiares de las personas desaparecidas durante la guerra y se le llamó la Marcha de la Memoria. En Costa Rica, se protestó contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; para ajustar las políticas nacionales a los requisitos del tratado se han realizado cambios legislativos que, según los organizadores, disminuirían las inversiones y protecciones económicas de carácter social, y que por ello consideran inconstitucionales.

Lo que me ha llamado mucho la atención son los parecidos y las marcadas diferencias entre ambas protestas. Las dos fueron muy imaginativas en cuanto a su presentación, la de Guatemala sobre todo, donde en lugar de pintar consignas sobre la mayoría de las mantas se pintaron miles de retratos de las personas que desaparecieron durante el conflicto armado, creando con ello la imponente presencia visual de un mar de rostros. En Costa Rica se utilizó una argucia de estilo: fue una marcha organizada por mujeres que participaron vestidas sólo de blanco. ¿Hay alguien que se hubiera atrevido a tocar ese mar de pureza? Otra cosa notable fue la diversidad de los participantes. En Guatemala y Costa Rica se obtuvo un amplio espectro de edades, y en este último país se unieron diversas clases sociales y posturas políticas, algo que es difícil imaginar en el resto de Centroamérica. Yo he visto estas marchas en San José y una de las cosas que a menudo gritan los costarricenses en las calles es que no quieren que su país baje al nivel de El Salvador, que les evoca imágenes de pobreza extrema, ingobernabilidad, violencia y una mediocre educación. Si esto hiere el orgullo de algún salvadoreño que me lee, lo lamento, pero a pesar de los prejuicios tienen razón: a nuestro país le convendría tener muchas de las ventajas económicas y sociales que tiene Costa Rica, esta marcha fue un intento para conservar los privilegios que los ubican por encima de los países de la región.

Si, en apariencia, las dos marchas fueron tan parecidas, ¿por qué la de Guatemala se tornó violenta y la de Costa Rica no?

En un país democrático no hay nada malo con protestar. En Costa Rica la policía es movilizada durante una marcha para proteger a los manifestantes mientras ejercen ese derecho. En Guatemala, la policía es movilizada para enfrentarlos (aunque también hay que ver por qué: los manifestantes provocaron a los cadetes durante una marcha militar echándoles tinta roja). En una sociedad democrática, el propósito de una marcha es provocar un cambio o una acción concreta: además de la marcha, abogados y políticos se movilizan para cabildear y lograr esos cambios a través de la legislación, para convertir proyectos en ley y superar a través de las instituciones democráticas la raíz de los conflictos. El éxito de una marcha se mide por su poder para mobilizar al mayor número posible de participantes, por su fuerza para llamar atención sobre un tema y por su efectividad para atraer nuevo adeptos a esa causa: la unión hace la fuerza.

Pero cuando una nación no ejerce la democracia a cabalidad, los sectores que se sienten marginados no van a protestar para lograr un cambio concreto. Van a protestar para crear presión social y para desestabilizar al sistema; una situación de ingobernabilidad es inmensamente valiosa para la oposición, pero también para los oportunistas y los mafiosos. Y los actos de desestabilización no ocurren sólo por intervención ideológica de la extrema izquierda, como algunos creen, ocurre porque una protesta puede, en efecto, ser un despliegue de poder masivo que ponga en jaque al gobierno. Esto ha sido ampliamente demostrado en El Salvador por las gremiales de transportistas y por las organizaciones de vendedores de las calles, cuyos líderes tienen muy poco que ver con la izquierda: no quieren cambios; al contrario, quieren mantener el estado de ingobernabilidad que aqueja a la ciudad, porque ese vacío de poder les permite quedarse donde están sin tener que ajustarse a la ley ni rendir cuentas al estado. Ante estos grupos el gobierno tambalea, y prefiere evitar las confrontaciones. ¿Cuáles son las fuerzas políticas que han apoyado tradicionalmente a estos dos grupos? El Partido de Conciliación Nacional (a los transportistas) y el Partido Demócrata Cristiano (a los vendedores de las calles). Pero nadie va a acusar a partidos de derecha de ser antisistema, porque en un ambiente político tan polarizado la ciudadanía olvida que el sistema que hay que proteger no es el que ofrece un partido o el otro sino el que permite que todos los partidos actúen en términos de igualdad.

Recordemos, aunque sea por un instante, que vivimos en una democracia. Ahora bien, ¿hay algo malo en protestar, y no con algún fin en concreto como ocurrió en la marcha de Costa Rica, sino con el propósito de expresar un poder de tipo popular que confronte al poder estatal como ocurrió en la marcha de Guatemala? La respuesta más simple es: depende de la ley en vigencia. Depende del contrato social que la sociedad ha establecido para convivir en paz. Cada país ha establecido las reglas del juego político y éstas aplican tanto al partido en el poder como al partido de oposición, porque tarde o temprano el partido de oposición podría ser el partido en el poder.

En El Salvador, por ejemplo, no hay nada malo con reunirse libremente y protestar contra las políticas del estado siempre y cuando no se utilice la violencia, tal y como lo expresa el artículo 7 de nuestra Constitución: “Los habitantes de El Salvador tienen derecho a asociarse libremente y a reunirse pacíficamente y sin armas para cualquier objeto lícito. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación. No podrá limitarse ni impedirse a una persona del ejercicio de cualquier actividad lícita, por el hecho de no pertenecer a una asociación. Se prohíbe la existencia de grupos armados de carácter político, religioso o gremial.” Esto complementa el principal objeto del artículo 6: “Toda persona puede expresar y difundir libremente sus pensamientos siempre que no subvierta el orden público, ni lesione la moral, el honor, ni la vida privada de los demás. El ejercicio de este derecho no estará sujeto a previo examen, censura ni caución; pero los que haciendo uso de él, infrinjan las leyes, responderán por el delito que cometan.”

Esa es la base legal, en blanco y negro, para expresar disención política en el El Salvador.


Referencias

Dos blogs muestran imágenes de las marchas de Guatemala y Costa Rica desde el punto de vista de los protestantes (los medios de información presentaros la noticia sobre las marchas de maneras muy distintas y, en el caso de Guatemala, contradiciendo las afirmaciones del blog, señalando incluso que los manifestantes echaron tinta roja a los cadetes militares para provocarlos). En mimundo.org de James Rodríguez, aparece una impresionante serie de fotografías de la marcha del 30 de junio en Guatemala, y en Las hijas del pueblo aparecen las fotografías de Julia Ardón tomadas el 5 de julio en Costa Rica. Las fotografías que uso para ilustrar este artículo son de Ardón (manos de mujer con vestido blanco) y de Rodríguez (manos de policía antimotines con uniforme negro).

1 comentario:

el ojo crítico dijo...

Aquí se ha llegado a tal grado de impunidad en todos los ámbitos, que un funcionario del PNUD debe renunciar por haber criticado al gobierno y 13 personas guardan prisión por considerárseles terroristas, por protestar en la calle impidiendo el paso del Presidente que se supone es el Presidente de ellos también y debió verlar por defenderlos.

Es tal la falta de democracia que un reo es tratado de manera diferente aún y con todos los ojos del mundo puestos en él. Si no veamos a Mario Belloso, rasurado, dejando libre a su familia (porque él lo pidió y eso bastó).

ARENA pagará caro tanta arbitrariedad, si es que no lo ha pagado ya perdiendo elecciones y haciendo fraude. Schafick Handal, en el más allá o donde quiera que esté, sabe de qué le estoy hablando.

Hay que tener cuidado, porque la casería de brujas apenas inicia.

AMOR Y PAZ,