lunes, septiembre 24, 2007

De los matices de la realidad y de la denuncia frívola


Amor en la jungla

Fotografía de Álvaro López

Ramón —limpia vidrios y adicto al crack— expresa todo su amor a su novia durante un cambio de luz en el semáforo que une a la Alameda Juan Pablo II y la 2a. Avenida Norte, en el centro de San Salvador.

Esta imagen se presenta en la Tercera Muestra Nacional de Fotoperiodismo, parte del festival fotográfico nacional ESFOTO 2007. Esta sorprendente exposición tiene todo tipo de escenarios, incluso la ciudad. Por medio de Arte al descubierto, la cual pretende acercar el arte al público y convertir la ciudad en escenario del arte, colocando la obra de 12 fotógrafos en más de 800 diferentes locaciones. Esto explica la aparición de fuertes imágenes que capturan la realidad salvadoreña en algunos autobuses.

Uno de los medios destinados para la exposición pública de la muestra de periodismo son los ubicuos “muebles urbanos”, también llamados “mupis”, que son las vallas verticales que exhiben publicidad en las aceras. El sábado 22 de septiembre apareció una inquietante noticia en El Diario de Hoy: Censuran exposición fotográfica en mupis: «Edgar Romero, coordinador de ESFOTO 07, asegura que EUSAL, compañía encargada de los mupis (vallas publicitarias) se ha negado a colocar las imágenes que componen la exposición fotográfica tal y como se había acordado. [...] Por su parte, el encargado de operaciones de EUSAL, Heriberto Castillo, aseveró “nosotros nos hemos apegado a lo que la Alcaldía nos solicite. No somos quién para poder censurar una exposición. No hemos recibido los carteles para colocarlos”.»

¿Un atentado contra la libertad de expresión? No lo sé. Hasta ahora, parece que un acto de negligencia o un retraso provocó una reacción precipitada. Hay una regla para este tipo de casos: No hay que suponer que una mala acción es producto de una mala intención cuando lo más probable es que sea resultado de la simple y pura torpeza humana. Por lo demás, todas estas fotografías ya habían aparecido previamente publicadas en los medios de prensa del país; por lo tanto, la noción de que las imágenes periodísticas han sido censuradas es muy débil. Aunque es importante señalar que al cambiar de escenario y presentarse como arte, el fotoperiodismo y su expresión tan inmediata de la realidad no siempre es socialmente aceptable.

El periodista José Luis Sanz, de La Prensa Gráfica, reaccionó a todo este equívoco con una nota amarga: Lágrima fácil. Cito un fragmento:

Evidentemente, no me cuesta imaginar a un burócrata de la Alcaldía de San Salvador —de izquierda revolucionaria sólo cuando eso da votos— o a un mercader de espacios publicitarios —padre de familia y tal vez votante de derecha— vetando la foto de una trabajadora del sexo colocando con la boca un condón en un pene de madera, o la de un acorazado agente de policía derribando a puntapiés a un pandillero semidesnudo. El miedo a la polémica o el sesgo ideológico pesan cuando en política o empresa hay que decidir lo que se da al público.

Pero en este caso es la lágrima fácil del gremio la que me desconcierta. No se han exigido razones, o no por los cauces lógicos. No se ha tratado de negociar criterios. No se han buscado puntos medios que, en este caso, no en todos obviamente, podrían ser aceptables como parte de una estrategia sostenida para abrir espacios a la expresión y el arte. Se han bajado pronto los brazos y se ha declarado víctima a la libertad de expresión, a pesar de que las referidas fotos, la mayoría de las cuales se han reproducido por cierto en este periódico, se pasean desde hace días en la carrocería de buses y en algunas vallas publicitarias.

En El Salvador es demasiado sencillo autoerigirse en mártir de las libertades y por ello debemos seguir exigiéndonos más coraje y creatividad para no acabar siéndolo. En estos tiempos en los que periodistas recurren al supuesto cierre de espacios como argumento falaz para lanzar su carrera política, y conmocionados aún por el reciente asesinato del reportero Salvador Sánchez, los informadores deberíamos cuidar los matices, extremar la responsabilidad y ser los más interesados en evitar la frivolización de la denuncia tanto como —habrá quien me acuse a mí de hacerlo en estas líneas— la relativización tramposa de la censura.

2 comentarios:

El-Visitador dijo...

«ser los más interesados en evitar la frivolización de la denuncia»

Obvio.

Y hablando de frivolización, ¿no te pareció jocosísimo cómo la primera reacción sobre lo del Cadejo en Hunnapúh y en otras partes fué "denunciar" al GOES?

Como que si el GOES entendiera de asuntos de internet, mucho menos tener "comandos" cibernéticos.

Je je.

Solavá dijo...

Yo también pensé en las limitaciones del GOES pero no me pareció tan jocoso, pero es que me tardé mucho en saber qué era lo que realmente estaba pasando. También le metieron la culpa a El Diario de Hoy y no saben que la mayoría de los que trabajan ahí ni siquiera sabían qué era un blog hasta que leyeron en El Faro una nota donde se hablaba de un foro en el que había aparecido Mauricio Funes, eso habrá sido hace un dos o tres semanas.

Pero el GOES no tiene buenos sistemas ni muchos menos conocimientos de seguridad de Internet, hasta donde yo sé.